- 11 Marzo, 2026
- By Oficina de Comunicaciones
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El insomnio no solo afecta el rendimiento y el ánimo; sus consecuencias impactan gravemente la salud, especialmente la función cerebral, provocando deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas.
La neuróloga Isabel Tagle advierte que la falta de sueño persistente está estrechamente vinculada con problemas severos de la memoria y la atención. Sin embargo, sus efectos trascienden lo neurológico: impactan la salud cardiovascular y metabólica (diabetes, obesidad), provocan disfunción inmunológica e incrementan el riesgo de cáncer y accidentes laborales.
La regla de tres para el diagnóstico
El insomnio se define medicamente como la dificultad para conciliar el sueño, mantenerlo o el despertar precoz. Sin embargo, para que sea considerado un trastorno clínico y no una molestia ocasional, la neuróloga indica que los síntomas deben presentarse al menos tres noches a la semana durante un periodo mínimo de tres meses.
Este diagnóstico es fundamentalmente clínico y se establece mediante una historia médica detallada. En ciertos casos, como cuando se sospecha de apnea obstructiva del sueño o trastornos del ritmo circadiano, se requiere un estudio del sueño objetivo para respaldar las decisiones clínicas.
Factores de riesgo y poblaciones vulnerables
El insomnio tiene una mayor prevalencia en ciertos grupos y contextos, siendo las mujeres las que tiene 1 a 4 veces más probabilidades de padecerlo, especialmente durante la pubertad, el embarazo y la menopausia.
Es más común en adultos mayores y factores sociales, como el desempleo, el divorcio, la viudez y el bajo nivel socioeconómico, aumentan el riesgo.
Asimismo, existen condiciones médicas: Enfermedades como el asma, la artritis, la hipertensión, el reflujo y trastornos neurológicos como el Parkinson, el síndrome de piernas inquieta, apneas del sueño, los trastornos neuromusculares, los accidentes cerebrovasculares, tumores cerebrales y las cefaleas están estrechamente asociados
Hábitos que protegen el cerebro
Para prevenir el deterioro cognitivo asociado a la falta de descanso, la higiene del sueño es la herramienta más efectiva. La Dra. Tagle recomienda a la población adulta dormir entre 6 a 8 horas por noche y seguir pautas estrictas para proteger el sistema nervioso:
El insomnio es un factor altamente predictivo del desarrollo de trastornos de ansiedad y depresión. No se trata solo de dormir, sino de permitir que el cerebro realice sus funciones de mantenimiento esenciales para evitar el deterioro a largo plazo.
“Muchas veces nos esforzamos por ahorrar dinero para el futuro, por comer sano o por ir al gimnasio para vernos bien. Pero la inversión más barata, efectiva y poderosa que pueden hacer por su salud mental hoy mismo, es permitirse dormir”, resalta.
Dormir no es un lujo ni una señal de pereza; es el momento en que su cerebro se restaura, se limpia y protege sus tesoros más valiosos: sus recuerdos y su identidad, culmina.
INCN

